Es posible que el acrónimo ETAC, que corresponden a las siglas de Equipo de Tratamiento Asertivo Comunitario, no os diga nada. Seguro que ni siquiera el desglose de las siglas os aporte mucha información. Puede que ni siquiera lo relacionéis con la medicina o la psiquiatría. Se podía llamar programa intensivo de atención domiciliaria para pacientes con trastorno mental grave o programa de atención intensiva en su entorno al paciente con enfermedad mental grave. La verdad es que poner nombre y apellidos al programa es complicado pero la esencia y los objetivos son màs sencillos. Supone una forma de atención reciente y adaptada a los pacientes psiquiátricos más graves y complejos.

El primer ETAC del mundo se puso en marcha en 1978 en Madison, Wisconsin (Estados Unidos). El Dr. Peñuelas y el Dr. Martínez Jambrina pertenecientes al Servicio de Salud Mental del Área Sanitaria de Avilés se inspiraron en esas primeras experiencias estadounidenses para mejorar la asistencia a los pacientes psiquiátricos graves e implantaron el sistema de forma pionera en España en 1999. Hace 21 años que el sistema sanitario nacional mira al «modelo Avilés» como un ejemplo de que «cuánto menos tiempo en el hospital mejor».

Esta novedosa forma de atención sanitaria en el campo de la psiquiatría estructura la asistencia a las personas con enfermedades mentales graves en el entorno social mas próximo al paciente. Las intervenciones domiciliarias constituyen la piedra angular del TAC, tratando de integrar actuaciones diversas (farmacológicas, psicoterapéuticas, sociales, familiares, laborales). De esta manera, los pacientes que no son capaces de acudir a su centro de atención primaria o a su centro de salud mental reciben una atención adecuada e integral. Así mantienen su funcionalidad y se evitan reingresos hospitalarios.

Composición del equipo de TAC

El equipo lo compone un/una enfermera, un/una monitora, un/una trabajadora social y un/una psiquiatra. En caso de necesidad el equipo se coordina con su centro de salud para atender sus necesidades orgánicas, con los servicios sociales de base para cubrir sus necesidades sociales, económicas y/o laborales. Si es necesario, también se coordina con el hospital de referencia para gestionar ingresos y altas.

El perfil suele ser el de un paciente con un trastorno grave y con escasa conciencia de sus limitaciones. Generalmente no toma bien la medicación ni acude a las consultas convencionales de psiquiatría. Lo habitual es que haya ingresado en múltiples ocasiones y no es raro que haya pasado meses o años en alguna unidad psiquiátrica de media o larga estancia.
Con este sencillo preámbulo espero que os hagáis una idea de lo que es este recurso del que hace muy poquito que formo parte.

Para complementar esta pequeña introducción añado el fragmento de un artículo más amplio en el que entrevistan a mis compañeros Rubén, Mariví y Josemi responsables del ETAC sin hogar, es decir, los que trabajan todavía en condiciones más difíciles. En estos casos, la falta de domicilio hace que la atención se establezca en la calle y, muy frecuentemente, en ambientes marginales. De cualquier manera, los pacientes psiquiátricos más vulnerables que necesiten un mayor soporte sociosanitario, si nos permiten establecer un mínimo vínculo con ellos, no quedarán desamparados.

FRAGMENTO ENTREVISTA:

Rubén de Pedro está junto a Nati Agiriano y Josemi Gutiérrez en la terraza de la cafetería Lepanto, en la plaza de Pedro Eguillor de Bilbao. De Pedro coloca en la mesa una fotografía de carnet de un hombre con largas barbas.

—¿Qué te parece? —dice con una gran sonrisa.

El psiquiatra De Pedro es el jefe del equipo de cuidados a personas sin hogar de Osakidetza (el servicio vasco de salud) y, después de muchos meses de acercamiento, ha conseguido que un indigente haya accedido a hacerse el carnet de identidad para poder cobrar la pensión que le corresponde.

Durante el confinamiento, el equipo de De Pedro logró establecer una relación de confianza con muchas de las personas con problemas de salud mental de Bilbao, algunos sin hogar y otros abandonados en sus casas. Rubén, Nati y Josemi hablan de ellos como si fueran de su propia familia. Cuentan por ejemplo cómo M. les franqueó un día la puerta de su piso y descubrieron que aquella mujer que iba siempre bien vestida y aseada vivía en el caos más absoluto: “Nos quedamos horrorizados. No tenía agua, no tenía luz. Descubrimos que se iba a lavar a la playa, en verano y en invierno, y que iba comprando la ropa porque no tenía donde lavarla…”.

No hay que irse a los barrios más deprimidos para encontrar a los protagonistas de sus historias. Solo hay que tener la mirada entrenada y ganas de salir de las consultas. “La idea es que cada vez sean necesarias menos camas de hospital y la gente esté más atendida en la comunidad, en sus domicilios. Que los psiquiatras no estén en los hospitales, sino en los centros de salud o incluso en las calles, que es lo que hacemos nosotros. Es la forma más fácil de llegar a quien lo necesita”.

De Pedro explica que, entre los retos de la nueva realidad, también está el de no dejar atrás a los que no saben caminar solos: “Nosotros cuidamos a gente que está ya muy machacada”.


Cita extraída del País Semanal nº 2.284. 5 de julio de 2020. Documentos, reportaje. Euskadi. El desafío del cisne negro por Pablo Ordaz. Páginas 37 y 38.

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